miércoles, 25 de abril de 2012

El 38 se cargó nuevamente




Divididos presentó el DVD Audio y Agua
(Por Catalina Alvarez) Divididos volvió a hacer lo que todos se imaginaban y más. Con un cielo violeta, amenazador de lluvias, el sábado 21 brindaron un show eléctrico de casi tres horas, en donde se sintieron las expectativas de los fanáticos presentes. El escenario fue el Anfiteatro Municipal de Parque Urquiza, tan conocedor de las pisadas y sonidos de este trío. Pautado para las 21, es uno de los pocos grupos que no se hace esperar tanto: apenas media hora de retraso, que posibilitó la llegada de todo el público. “Mamá yo quiero oooh, que salga Mollo oooh, que salga Mollo oooh, que salga Mollo y todo el año es carnaval”, era uno de los cánticos que podían apreciarse antes del comienzo del espectáculo.



 La banda de los ex Sumo presentó el DVD Audio y Agua, grabado en el estadio Luna Park de Buenos Aires el año pasado. Si bien esta presentación estuvo muy lejos de lo que fue la original (que contó con 16 invitados, la bandera Whipala como escenario y un molino de verdad), no fue por eso menos importante, ni se escuchó peor. Al contrario, en el público sólo había felicidad y caras sonrientes, disfrutando desde las baladas a las canciones con más pogo.

 No faltaron los gritos, personajes, banderas, cantos y zapatillas, característicos de un recital de rock. Todo ello formaba parte de una mística en la cual era muy fácil caer. Desde el lugar de los artistas también se daba una sensación de empatía, que se podía apreciar desde las sonrisas, hasta los agradecimientos continuos. “Rosario es uno de los lugares más lindos para venir a tocar”, dijo  Mollo, líder de la banda. Lejos de creer en la demagogia, los espectadores vibraron con cada tema, y les hicieron saber que siempre que se presenten en esta ciudad, allí estarán.

 Ahora bien, desde el punto de vista musical e instrumental, a este trío no hay con qué darle. Diego Arnedo, responsable del bajo, con su andar tan despreocupado puede seguir haciendo lo que hace por muchos años más, sin perder vigencia. Desde la batería, Catriel Ciavarella parece de otro planeta. Siendo el más joven da la impresión de que puede tocar horas y horas sin cansarse, tan fuerte, tan rápido, tan ágil, que es, literalmente, música para los oídos. Y el eterno Ricardo Mollo, que hace gemir a esa guitarra como pocos pueden lograrlo, con su simpatía, el calzado inusual color verde loro, el talento para poder tocar con zapatillas, con sus dientes, hace deleitar a cualquier persona, sea fanática o no de su banda. El ex Sumo se puede comer un churro que el público le tira para que toque la guitarra, como sucedió, y nadie va a decirle nada, todos lo van a aplaudir y festejar, se van a reír, porque, claro, es Mollo y se le perdona todo. Hasta que elija para su hijo el nombre de Merlín Atahualpa.

 El show contó con partes para todos los gustos. Una presentación más tranquila en donde se interpretaron las canciones “Sisters”, con Daniel Florentín de invitado en la segunda guitarra, “Spaghetti del Rock” y “Par Mil”; un momento que conecta más con el último disco, “Amapola del 66” (tema que fue dedicado a Luis Spinetta), con sonidos del bombo, el recitado del poema “Tilcara” de Germán Walter Choquevilca, “Senderos”, “Jujuy”; y la parte fuerte con “Ala delta”, “El 38” y su versión de “Sucio y desprolijo”.

 En mitad de la presentación, un espectador sufrió un bajón de presión, por lo que el recital estuvo parado cinco minutos hasta que pudieron apartarlo y asistirlo. Entre tanto, los integrantes de la banda se mostraron muy preocupados por lo sucedido. Ricardo Mollo se acercó a informarse de cómo estaba el muchacho y lo invitó a ir al escenario con él cuando se sintiera mejor. Cuando esto ocurrió, el fanático abrazo a su ídolo y se llevó una púa de regalo, algo con lo que muchos hubieran soñado. Nada mal.

 El power trío cerró su espectáculo con “El ojo blindado”, de la época de Sumo, y no hizo esa vuelta tan característica de algunos recitales. Catriel tiro tres pares de palos, Ricardo un puñado de púas, bajó a saludar a quienes estaban más cerca de la valla, y se fueron. Con la gloria bajo el brazo y dejando a los espectadores con ganas de mucho más.


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