“Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír”
(George Orwell)
(Por Fabián Chiaramello) El periodismo se encuentra en una
situación particular y bastante negativa para el trabajador de prensa. Los
medios están concentrados, son los que imponen agenda, emplean cada vez menos
personal que a su vez tiene que ser multifunción para “rendirle” a la empresa.
A todo esto se le suma la precarización, la tercerización y la flexibilidad
laboral. Frente a esta situación surgen otras voces: cooperativas, medios
alternativos, comunitarios y populares. Otras formas de hacer periodismo, de
comunicar. Gritos entre tanto silencio.
En Rosario existen
muchas experiencias: radios comunitarias que son los únicos lugares que le dan
voz a quienes están más estigmatizados y menos lugar tienen en los medios
tradicionales; cooperativas de comunicación, medios gráficos y digitales. Todos
nacen por necesidades en común. Los periodistas que no están en relación a los
intereses de las grandes corporaciones no tienen lugar en medios tradicionales.
Existen miles de voces que necesitan ser escuchadas y encuentran en esta
alternativa un lugar. Los barrios más pobres, abandonados, discriminados, ven
en una radio, en una revista, un lugar donde denunciar las injusticias que se
cometen contra ellos. Del otro lado parece imposible encontrar alguna historia
que cuente la otra cara de la moneda. Pibes que encuentran en la literatura
otro mundo que les fue negado y vuelcan su vida al papel. Cada uno de estos
gritos es un pedacito de justicia en el universo de la lucha por un mundo más
justo e igualitario.

Cooperativa La Masa y
Cooperativa de Comunicación la Brújula son claros ejemplos de que se
puede hacer otro tipo de periodismo, con otra organización, sin patrón y que a
la vez sean una salida laboral para profesionales que no encuentran su lugar en
el mundo de la comunicación. En ese sentido, La Brújula surgió frente a la
necesidad de encontrar un espacio para producir y trabajar.
“Si no empezás a
trabajar, no te vinculaste durante la carrera, quedás en un limbo. No hay un
mercado que absorba lo que sale de las carreras. La mayoría de los estudiantes
termina trabajando de otra cosa”, contó Germán Mangione, uno de los fundadores
de la cooperativa. La misma situación los llevó a construir un espacio en el
que trabajan alrededor de 20 personas de varias ramas de la comunicación:
periodistas, comunicadores sociales, locutores, diseñadores gráficos,
realizadores audiovisuales y fotógrafos. Además dijo que no vale mucho un
título a la hora de buscar empleo porque “en muchos medios se termina entrando
por relaciones, por amigos y conocidos”.