Basta de edificios en zona norte de Rosario
Vecinos de diferentes barrios se agruparon para frenar
a las inmobiliarias y a los empresarios de construcción
(Por Facundo Tarrés) El aumento progresivo de construcciones edilicias
en la zona norte de la ciudad, no sólo atenta contra las condiciones
estructurales y estéticas de los barrios, sino también contra el estilo
de vida que los vecinos eligieron para coexistir. Es por ello que un
grupo de jóvenes pertenecientes a Alberdi, La Florida y Arroyito,
trabaja arduamente juntando firmas y organizando convocatorias para que
se ponga en vigencia la regulación del llamado Segundo Anillo
Perimetral, proyecto aprobado, a medias, por el Concejo de Rosario hace
ya algunas semanas.
Estos barrios mantienen una identidad
particular que los define desde hace ya muchas décadas. Se presentan con
una arq
uitectura de aldeas, donde algunas familias mantienen
generaciones viviendo en ese espacio, donde habitan diversas personas
que construyen un modelo de vida que se fuga de la sobrecarga que el
centro de la ciudad exhibe. “Nos distinguen características como la
tranquilidad, las veredas anchas, diversidad en árboles, el contacto con
el río y la eternidad de un sol, que ningún edificio debería tomarse el
atrevimiento de eclipsar”, señaló Esteban Ortega, perteneciente al
grupo Basta de edificios en zona norte.
Luego de que en el 2008
se sancionaran las normas referidas al Reordenamiento Urbanístico del
Área Central y del Primer Anillo Perimetral, mostraron al sector
comprendido por el Río Paraná, Boulevard 27 de Febrero, Calle Vera
Mújica y Avenida Del Valle, con una atenta preocupación por parte de la
Administración Municipal. Estos lugares demandan altos grados de
protección y rígidos parámetros reglados que los escinden del resto del
territorio urbano. Entonces, las empresas constructoras y las
inmobiliarias se preguntaron cómo avanzar con su crecimiento, cuando ya
no cabe ni un alfiler en el centro de la ciudad. La respuesta fue muy
fácil: fueron por el Segundo Anillo y las Áreas Perimetrales, sector que
abarca a Arroyito, Alberdi y La Florida, entre otros barrios.
Este incremento de edificaciones hacia los costados de la ciudad hizo
nacer a este grupo de vecinos que se sintieron invadidos. Pablo
Gariglio, de barrio La Florida, exclamó: “Nuestro lugar ha sido
escenario de un brusco crecimiento económico local. Las propiedades
privilegiadas del barrio han sido tomadas por manos de inversores,
empresas e inmobiliarios para generar ganancias y enriquecimientos. Se
justifican en la creación de empleos, la paga de impuestos y hasta se
excusan con la carencia de viviendas que hay en la ciudad, aunque es
evidente que este tipo de construcciones están destinadas justamente a
personas que viven en una situación económica muy favorable”. Además,
remarcó que todos estos problemas tienden a surgir cuando la densidad
poblacional alcanza un alto grado. -
Por su parte, el gerente de
una de las empresas que está realizando un emprendimiento en La
Florida, José Luis Giacinto, manifestó: “En este caso, los inversores,
que son personas que apuestan al crecimiento de la ciudad cumpliendo las
normas, invierten su dinero. Pero no lo hacen en la bolsa ni en la
timba financiera donde sólo ganan ellos, sino generando trabajo. Estamos
trabajando en un edificio donde contamos aproximadamente con 40
profesionales (albañiles, instaladores, ingenieros, arquitectos,
pintores)”. Al mismo tiempo agregó que, con el criterio que tienen los
vecinos, deberían ir también contra los comerciantes, ya que al instalar
cada vez más supermercados, perjudican a las granjas, carnicerías y
almacenes históricos del lugar en cuestión.
Levantar para
arriba este tipo de monstruos en los barrios hace que muchos peregrinos
cercanos se instalen de manera sedentaria en la zona. La densidad
poblacional genera una sobresaturación que provoca un déficit en todos
los servicios e insumos públicos necesarios para la vida. La energía
eléctrica, el gas, el agua y el espacio físico para los vehículos, como
ya sucede en el centro, pueden llegar a escasear, volviéndose así una
gran amenaza para todos sus habitantes. “Ya me lo imagino. Una línea de
edificios, todos iguales, que cubra los dos carriles del Boulevard
Rondeau. Ya veo la gente, los semáforos, los autos, los parquímetros
--continuó Esteban Ortega--. Ya diagramo en mis pesadillas un boom
inmobiliario que amenaza la calma de mi barrio y me quiere vender
shoppings y departamentos estilo tupper”.
Semanas atrás, los
concejales Héctor Cavallero y María Fernanda Gigliani presentaron un
proyecto, luego de las 538 firmas presentadas por los vecinos, que el
ejecutivo sancionó, a medias, como ley. Como pudo verse en los medios de
comunicación, la intendenta de Rosario, Mónica Fein, habló de la futura
regulación del Segundo Anillo y los cordones perimetrales. El propósito
consiste en suspender el otorgamiento de nuevos permisos de demolición y
edificación para obras nuevas que superen los 10 metros de altura. Esta
interrupción deberá regir por 90 días o hasta la aprobación de las
normas que contengan los nuevos indicadores urbanísticos para el resto
de los sectores de la ciudad.
Mientras tanto, los
emprendimientos que ya habían comenzado siguen avanzando. En las
avenidas y los bulevares la altura se permite hasta 36 metros,
perjudicando así a las casas que se encuentran detrás en las mismas
manzanas. ¿Y cuando pasen los 90 días quién se hará cargo de esta
tregua? Sin lugar a duda, son motivos para que los vecinos de los
barrios sigan luchando por su identidad.
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