lunes, 3 de septiembre de 2012

Una lucha por la identidad

Basta de edificios en zona norte de Rosario

Vecinos de diferentes barrios se agruparon para frenar
a las inmobiliarias y a los empresarios de construcción

(Por Facundo Tarrés) El aumento progresivo de construcciones edilicias en la zona norte de la ciudad, no sólo atenta contra las condiciones estructurales y estéticas de los barrios, sino también contra el estilo de vida que los vecinos eligieron para coexistir. Es por ello que un grupo de jóvenes pertenecientes a Alberdi, La Florida y Arroyito, trabaja arduamente juntando firmas y organizando convocatorias para que se ponga en vigencia la regulación del llamado Segundo Anillo Perimetral, proyecto aprobado, a medias, por el Concejo de Rosario hace ya algunas semanas.

Estos barrios mantienen una identidad particular que los define desde hace ya muchas décadas. Se presentan con una arq
uitectura de aldeas, donde algunas familias mantienen generaciones viviendo en ese espacio, donde habitan diversas personas que construyen un modelo de vida que se fuga de la sobrecarga que el centro de la ciudad exhibe. “Nos distinguen características como la tranquilidad, las veredas anchas, diversidad en árboles, el contacto con el río y la eternidad de un sol, que ningún edificio debería tomarse el atrevimiento de eclipsar”, señaló Esteban Ortega, perteneciente al grupo Basta de edificios en zona norte.
Luego de que en el 2008 se sancionaran las normas referidas al Reordenamiento Urbanístico del Área Central y del Primer Anillo Perimetral, mostraron al sector comprendido por el Río Paraná, Boulevard 27 de Febrero, Calle Vera Mújica y Avenida Del Valle, con una atenta preocupación por parte de la Administración Municipal. Estos lugares demandan altos grados de protección y rígidos parámetros reglados que los escinden del resto del territorio urbano. Entonces, las empresas constructoras y las inmobiliarias se preguntaron cómo avanzar con su crecimiento, cuando ya no cabe ni un alfiler en el centro de la ciudad. La respuesta fue muy fácil: fueron por el Segundo Anillo y las Áreas Perimetrales, sector que abarca a Arroyito, Alberdi y La Florida, entre otros barrios.

Este incremento de edificaciones hacia los costados de la ciudad hizo nacer a este grupo de vecinos que se sintieron invadidos. Pablo Gariglio, de barrio La Florida, exclamó: “Nuestro lugar ha sido escenario de un brusco crecimiento económico local. Las propiedades privilegiadas del barrio han sido tomadas por manos de inversores, empresas e inmobiliarios para generar ganancias y enriquecimientos. Se justifican en la creación de empleos, la paga de impuestos y hasta se excusan con la carencia de viviendas que hay en la ciudad, aunque es evidente que este tipo de construcciones están destinadas justamente a personas que viven en una situación económica muy favorable”. Además, remarcó que todos estos problemas tienden a surgir cuando la densidad poblacional alcanza un alto grado. -

Por su parte, el gerente de una de las empresas que está realizando un emprendimiento en La Florida, José Luis Giacinto, manifestó: “En este caso, los inversores, que son personas que apuestan al crecimiento de la ciudad cumpliendo las normas, invierten su dinero. Pero no lo hacen en la bolsa ni en la timba financiera donde sólo ganan ellos, sino generando trabajo. Estamos trabajando en un edificio donde contamos aproximadamente con 40 profesionales (albañiles, instaladores, ingenieros, arquitectos, pintores)”. Al mismo tiempo agregó que, con el criterio que tienen los vecinos, deberían ir también contra los comerciantes, ya que al instalar cada vez más supermercados, perjudican a las granjas, carnicerías y almacenes históricos del lugar en cuestión.

Levantar para arriba este tipo de monstruos en los barrios hace que muchos peregrinos cercanos se instalen de manera sedentaria en la zona. La densidad poblacional genera una sobresaturación que provoca un déficit en todos los servicios e insumos públicos necesarios para la vida. La energía eléctrica, el gas, el agua y el espacio físico para los vehículos, como ya sucede en el centro, pueden llegar a escasear, volviéndose así una gran amenaza para todos sus habitantes. “Ya me lo imagino. Una línea de edificios, todos iguales, que cubra los dos carriles del Boulevard Rondeau. Ya veo la gente, los semáforos, los autos, los parquímetros --continuó Esteban Ortega--. Ya diagramo en mis pesadillas un boom inmobiliario que amenaza la calma de mi barrio y me quiere vender shoppings y departamentos estilo tupper”.

Semanas atrás, los concejales Héctor Cavallero y María Fernanda Gigliani presentaron un proyecto, luego de las 538 firmas presentadas por los vecinos, que el ejecutivo sancionó, a medias, como ley. Como pudo verse en los medios de comunicación, la intendenta de Rosario, Mónica Fein, habló de la futura regulación del Segundo Anillo y los cordones perimetrales. El propósito consiste en suspender el otorgamiento de nuevos permisos de demolición y edificación para obras nuevas que superen los 10 metros de altura. Esta interrupción deberá regir por 90 días o hasta la aprobación de las normas que contengan los nuevos indicadores urbanísticos para el resto de los sectores de la ciudad.

Mientras tanto, los emprendimientos que ya habían comenzado siguen avanzando. En las avenidas y los bulevares la altura se permite hasta 36 metros, perjudicando así a las casas que se encuentran detrás en las mismas manzanas. ¿Y cuando pasen los 90 días quién se hará cargo de esta tregua? Sin lugar a duda, son motivos para que los vecinos de los barrios sigan luchando por su identidad.

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