Los boliches de la zona cuentan con agentes para mantener
el ambiente tranquilo, sin embargo no todo es tan simple.
(Por Catalina Álvarez, Aylén Guevara y Julieta Tarrés) Es de conocimiento público que en la ciudad de Rosario, los encargados de la seguridad en los boliches nocturnos suelen ejercer violencia sobre los concurrentes. No obstante, muchas de las personas agredidas no toman cartas en el asunto, el tema no trasciende y, en consecuencia, este tipo de hechos se repite semana tras semana.
Siempre
es Hoy realizó un trabajo de campo y habló con personas que
forman parte del movimiento nocturno y del poder de la ciudad en
materia de seguridad. En la investigación se develaron datos que si
bien son conocidos por gran parte de la sociedad, a veces se ignoran
y no se efectúan acciones legales sobre los agresores. Un ejemplo
concreto es el de Leandro Ficcardi, una víctima de la violencia
ejercida por los mal llamados “patovicas” en el boliche Loft
(Ricchieri 33) el sábado 30 de junio. Todo comenzó a raíz de un
enfrentamiento entre diversos jóvenes y el personal de seguridad,
del cual el agredido no formaba parte. El mismo, de 22 años,
intervino para separar a la muchedumbre agresiva, y recibió de lleno
una piña debajo de su mandíbula, en forma de gancho. Las personas
debieron arrastrarlo hacia afuera, ya que se encontraba inconsciente,
estado en el cual permaneció diez minutos hasta que pudo reaccionar.
Trasladado de urgencia hacia el hospital HECA, fue internado
alrededor de 48 horas debido a una fisura en un pequeño hueso
ubicado detrás del oído y diversos coágulos de sangre en la
cabeza. Ficcardi no realizó la denuncia correspondiente a la
seccional, debido a que es oriundo de otra ciudad y lo único que
deseaba era irse a su casa luego de tal internación. Como éste, se
pueden encontrar muchos casos en distintas discotecas de la ciudad,
que por diversos motivos no siguen con la reglamentación
correspondiente.
Una
fuente confidencial de la comisaría 7ma, relató que no reciben a
menudo las denuncias por agresiones, sin embargo si esto sucede la
Justicia es quien deberá tomar cartas en el asunto e investigar a
fondo la cuestión, ya que algunas veces las riñas son entre
concurrentes y estos confunden a los “patovicas” por hallarse de
intermediarios. Off the record, la fuente aclaró que las denuncias
se pueden hacer en cualquier tiempo luego del hecho, tanto al boliche
como al personal de seguridad.
La
doctora María de los Ángeles Pistelli, matricula n° 10798, quien
se desempeña en entidades públicas de la salud, se refirió a este
tema y dijo: “Para los que estamos en la guardia es realmente
indignante ver cómo llegan los chicos, no hay relación entre los
cuerpos del personal de seguridad y aquellos a quienes atacan”. La
profesional explicó que los golpes se dan mayormente en los huesos
filosos de la cara, como ser cejas, nariz y mentón, y en la boca del
estómago.
En ese
marco, la Municipalidad redactó una ordenanza en donde se puede
leer: “ARTÍCULO 11.- El personal de control podrá impedir la
admisión y permanencia en los lugares de entretenimiento en los
siguientes casos: a) Cuando existan personas que manifiesten
actitudes violentas, que se comporten en forma agresiva o provoquen
disturbios y/o molestias a otros concurrentes…”
Conforme
lo establecido en la ordenanza 7.774 en su artículo 1, la totalidad
del personal que realice funciones de seguridad en los comercios que
desarrollen actividades como confiterías bailables, pubs,
discotecas, cantinas, cines y salones de fiesta infantiles deberá
obligatoriamente realizar los cursos de primeros Auxilios,
Resucitación Cardio Pulmonar (R.C.P.) bajo protocolo de la American
Heart Asociation, dictado por instructores acreditados en cada área
y coordinados por la Municipalidad de Rosario. Sería lógico que
hasta que lleguen emergencias al lugar del hecho, quienes deberían
socorrer a los atacados tendrían que ser los mismos agresores.
Siempre
es Hoy dialogó con aquellos acusados de ser los responsables de
estos hechos lamentables. Waldermar Vidal, de 36 años, trabajador
nocturno de tres boliches de la ciudad explicó que en algunos casos
no les queda otra opción que recurrir a la “fuerza” ya que de
otra forma les resulta imposible controlar a jóvenes alcoholizados y
rebeldes. “Nosotros estamos acá para establecer un orden, y en
algunos casos tenemos que pegar porque, si no, no hay otra manera de
separar y sacar a las personas en gresca”. En tanto detalló: “La
manera más efectiva consiste en trabar sus brazos por detrás
(muestra con las manos) apretarles el torso y así lograr que caigan
al piso para tranquilizarlos. Luego de 5 segundos inconscientes se
levantan mejor que antes, y no se acuerdan de nada”.
Silvio
Alarcón, secretario adjunto y de Hacienda del Sindicato de Control
de Admisión y Permanencia (Sicap), denunció que ninguna ordenanza
se cumple, las inspecciones son muy simples y los inspectores reciben
plata a cambio de “terminar la historia”. Muchas veces, cuando
alguien se desmaya dentro del boliche, los dueños responden con
“sacalo a la vereda y que ellos (se refiere a la GUM) se
encarguen”, sin siquiera llamar a emergencias médicas. “Muchas
veces los llamamos nosotros, porque vemos que está mal y no te queda
otra”, exclamó Alarcón. También agregó que desde el sindicato
van a las escuelas para explicarles a los alumnos que si les sucede
algo dentro de los locales bailables, se queden adentro, ya que una
vez que salen las autoridades se desligan del problema y de la
responsabilidad.
Aunque
los hechos demuestren lo contrario, el secretario adjunto del Sicap
dijo: “Acá en Rosario nunca hay ningún problema de golpiza de
patovicas”. Y además se refirió a que en la ciudad, son “los
que mejor están vistos” en cuando a personal de seguridad.
Raúl
Brid, dueño de una confitería ubicada en la zona céntrica, dio su
opinión al respecto, y manifestó que las leyes, como están, no son
aplicables. Sin embargo, este hombre, cuando se trata de elegir a sus
empleados de seguridad, se fija en que sean “grandotes y
musculosos”.
Si
hacemos esta ecuación, nos vamos a encontrar con que si los mismos
dueños buscan tamaño y fuerza, y no se hacen cargo de las cosas que
pasan dentro de sus locales, es muy difícil que esta situación
finalice. La violencia genera más violencia, no sólo del lado de
los “patovicas”, sino también de los concurrentes. Los
adolescentes están cada vez más vulnerables a estas provocaciones,
reaccionando frente a ellos sin medir las consecuencias de sus actos
y sin ser conscientes de las agresiones que pueden recibir.
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