(Por Catalina Álvarez, Aylén Guevara y Julieta Tarrés) Es de conocimiento público que Rosario es una de las ciudades que más eligen los jóvenes a la hora de salir y entretenerse. Es por esto que los empresarios nocturnos ofrecen cada vez más opciones para aquellos que, lejos de querer irse a dormir, optan por extender la diversión hasta altas horas de la mañana. Llegado el momento en que los bares y confiterías bailables ponen fin a la noche y cierran sus puertas, quienes adquieren protagonismo son los llamados after hours. Sin embargo, la ordenanza 7.218 sancionada por la Municipalidad de Rosario a mediados del 2001, no avala la existencia de estos lugares.
Esta ordenanza, que incluye a todo tipo de espectáculos públicos, fija las condiciones para la habilitación de los espacios y el desarrollo de eventos relacionados con el entretenimiento. Desde su vigencia, puede notarse un cambio en el mapa nocturno de la ciudad ya que, entre otras cosas, por primavera vez se introdujeron áreas específicas para la radicación de boliches bailables. No obstante, lo primordial de esta normativa es que se establecen pautas y reglas para locales con y sin actividad bailable. Sin embargo, en la noche de hoy puede verse perfectamente reflejado que en diversos locales de la ciudad, la misma no se cumple al pie de la letra.
En la actualidad, los medios de comunicación reflejan que muchos comercios son clausurados por ruidos molestos, por documentación en falta, porque los clientes bailan en locales donde no está habilitada dicha actividad, o porque la música excede el límite de sonido permitido. Pero de lo que no se habla es del exceso del horario que también se encuentra especificado en la mencionada ordenanza. En este sentido, existen algunos bares de la ciudad, que mantienen sus puertas abiertas hasta altas horas de la mañana, cuando se establece de manera explícita el cierre de cualquier tipo de local nocturno a las 5.30. Siempre es Hoy realizó un trabajo de campo y dialogó con personas que forman parte del movimiento nocturno y con autoridades municipales.
Según lo visto, los lugares que mayormente eligen los jóvenes para ir luego de los boliches tradicionales son El beso (Güemes y Rodríguez), La tienda (Tucumán y Mitre) y El sótano (Mitre y Córdoba). En los alrededores del primero de estos sitios, los vecinos se mostraron muy disconformes con el accionar de los dueños y la falta de ¬respuestas a sus denuncias por parte de la Municipalidad. Elsa, una vecina que vive exactamente en frente del local, contó a este medio que años atrás convocó una reunión vecinal para lograr el cierre de El Beso. “Una vez tuve la oportunidad de hablar con Binner cuando él era intendente, y le dije: ‘Doctor, en mi barrio no se puede vivir’ y él me contestó ‘A los jóvenes hay que contenerlos, no prohibirles’”, lamentó.
Luego de muchas promesas y ninguna resolución, hoy en día Elsa decidió mudarse de habitación para poder descansar tranquila. “Ahora que mi dormitorio no da a la calle, puedo dormir más y no me entero hasta qué hora sigue la música, lo tuve que hacer porque si no me iba a volver loca”. Y agregó: “Antes abría todos los días y a las 11 de la noche. Ahora lo abren sólo viernes y sábado pero muchísimo más tarde. Hay veces que escucho ruido y movimiento hasta las 8.30. Lo que me cuenta mi hijo es que la gente sale de otros boliches y este queda abierto”.
En tanto, otra vecina y la dueña de un comercio de antigüedades de la misma manzana, también hicieron oír su voz. “Está abierto hasta muy tarde, porque yo siento la música que me repercute en el fondo durante toda la noche e incluso hasta las 9 de la mañana”, expresó Lidia. Además, la mujer estimó que el dueño tiene “mucha cuña” y que el “ambiente es muy pesado”. Asimismo, la comerciante opinó que el propietario del lugar es una persona de mucho poder, ya que desde un comienzo los aledaños se movilizaron para que lo cierren, pero todo quedó en la nada.
Por otro lado, en el local La Tienda, ubicado en frente de la plaza céntrica del Che Guevara, aseguran que el lugar se encuentra habilitado y que allí se realizan los controles pertinentes. La encargada del ingreso confirmó que los inspectores se acercan al lugar pasadas las siete de la mañana, cuando a esa hora ya todo debería estar cerrado. También agregó que desde la visita de los municipales tienen un margen de quince minutos para evacuar a los concurrentes, de lo contrario serían sancionados.
Sin embargo, un encargado de seguridad confió a Siempre es Hoy off the record que el titular de La Tienda al tener una buena relación con quienes hacen los controles (luego de muchos años en el rubro y teniendo otros bares y boliches en distintas zonas de la ciudad) tiene el lugar “perfectamente habilitado”.
A pocas cuadras de allí y a media de la Peatonal Córdoba, funciona El Sótano. En este sitio se realizan periódicamente recitales de punk y rock. Al finalizar los mismos permanece abierto a la espera de los trasnochadores. Los conocidos “free pass” (entrada libre y gratuita) se aceptan hasta las 6 de la mañana, dejando en evidencia que se incumple la normativa.
Dicho esto, el jefe de seguridad de uno de estos tres lugares reconoció a este medio de forma confidencial que en la noche existen “coimas de todo tipo”. “Los hombres de inspección son más transeros, las minas son más rectas”, afirmó al referirse a los controles nocturnos municipales, dejando en claro que es frecuente que se quieran tapar incumplimientos con dinero. Puntualmente, enfatizó que los dueños del local donde él ejerce su función son una pareja amiga del Doctor Luis Baita (subsecretrario de Prevención y Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Rosario). “Él jamás se va a meter con este after, aparte porque si llega a haber alguna movilización de gays y travestis al Concejo se muere”, opinó con firmeza. En cuanto a las inspecciones, aseguró que a este sitio se las realizan a las 7.30 am ya que poseen un “permiso especial” para que permanezca abierto hasta esa hora. “Tienen una especie de amparo, se lo permiten por la antigüedad, ya que hace muchos años que está vigente y a esta altura sería imposible cerrarlo”. El encargado sostuvo que por este motivo perduran los de siempre y no emergen nuevos locales “después de hora”, e insinuó el caso de Willie Dixon, que sí fue clausurado por hallarse fuera de la ordenanza.
Por el lado oficial, el director del Área de Inspecciones de la Municipalidad, Gregorio Ramírez, al ser consultado por el tema de los after hours admitió la existencia de estos lugares y su estado de irregularidad. El funcionario se mostró preocupado por la circunstancia y manifestó su pesar: “La realidad es que no están habilitados. Lamentablemente se han establecido culturalmente por la sociedad y es una problemática que tenemos desde la Dirección”. Confesó que actualmente están trabajando en la reforma de la ordenanza 7.218 para incluir a estos sitios dentro de la norma, ya que los rosarinos lo adoptaron como forma de diversión. Además, realizan controles periódicos sobre todo en materia de seguridad, en donde se labran actas semanales. “Si bien es necesario tener un control de lo que sucede, se nos hace imposible tener un inspector en cada bar, boliche o confitería”, lamentó.
En cuanto a denuncias recibidas, el 80 por ciento tienen que ver con los ruidos molestos. Los propietarios de los boliches que sí cierran sus puertas a la hora establecida, también manifiestan su descontento con la existencia de los after. “Creemos que es fundamental que se dé un debate social que empiece por parte del Estado que es el que aprobó la ordenanza que regula todo esto. Hoy en día la Dirección está en una situación de presión por todas estas circunstancias a través de los grupos de empresarios nocturnos que salen perjudicados”, manifestó Ramírez. En tanto, el funcionario municipal aseguró que ellos son quienes se encuentran en el medio y quienes deben hacer cumplir la ordenanza. De esta manera, consideró que es primordial lograr una reforma que se actualice o se adecúe a la situación real.
En conclusión, teniendo en cuenta lo difícil que resulta compatibilizar con todos los intereses particulares que están en el medio, como el derecho de los vecinos a descansar, el de los jóvenes a divertirse y el de los empresarios a trabajar, cada vez es mayor el debate existente sobre el verdadero funcionamiento de boliches y locales con actividad bailable. Si bien en los últimos meses la Municipalidad demuestra a través de sus controles estar inspeccionando que se cumpla con lo que se establece en la normativa, resulta necesario que el Concejo analice profundamente un tema que, por lo visto, lejos de tener fin se extiende con el pasar del tiempo.

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