El origen del festival se remonta al filo de la década de los '60, cuando un bar de Nueva York poblado por minorías sexuales, fue allanado por la policía de la ciudad. Fue a partir de este episodio donde los gays, lesbianas y travestis que solían frecuentarlo, decidieron rebelarse de las constantes humillaciones e injusticias de las que eran objeto.
El conflicto duró varios días y, bajo la consigna “estoy orgulloso de ser gay, lesbiana o travesti”, surgió con fuerza una expresión por parte de aquellos que no querían avergonzarse de su condición.
Con el correr del tiempo, la costumbre se extendió a otras ciudades y posteriormente a otros países. Recién en 1992, estas formas de manifestarse llegaron a Buenos Aires. Como eran tiempos de mucha intolerancia, los pocos que se atrevieron a salir a las calles lo hicieron con caretas para ocultar su identidad. Tras intensos años de lucha y activismo, mucho se ha logrado en materia de aceptación y derechos. Año a año, las marchas se hicieron más numerosas y los temores de entonces, hoy son parte del pasado.
En ese sentido, Rosario (considerada como una de las ciudades más abiertas a la Diversidad Sexual de Argentina y una de las pioneras en el reconocimiento y la defensa de los derechos de la comunidad homosexual en América Latina) no se quedó atrás y realizó una fiesta para “todos”.
La movida fue organizada por Kika Restaurante, De ambiente (primera guía LGTB de Rosario) y la Asociación Civil Vox, con el apoyo del Área de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Rosario. En esta jornada, que se inició a las 18 y finalizó después de las 23, los transeúntes pudieron disfrutar de shows callejeros en vivo, ¬espectáculos musicales y feria de artesanos y ropa. También, durante estas horas de entretenimiento, el restaurante Kika sacó sus mesas a la calle y promocionó tragos elaborados y ofertas gastronómicas.
Los organizadores aseguraron que la “Diverfest” no fue una marcha ni una expresión de reclamos, sino una celebración que la comunidad gay local preparó para vivir una “verdadera fiesta”. Sencillamente, se trató de generar un espacio donde gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, pudieran participar de distintas actividades artísticas y recreativas invitando a que se sumara toda la sociedad.
Guillermo Lovagnini, titular de Vox, asociación civil que trabaja por la igualdad jurídica y social de LGBT, explicó que la idea de esta reunión era salir de los pesados discursos, de los reclamos y las protestas. Asimismo, asumió que inevitablemente fue un hecho político ya que trascendió en los medios y sirvió para la “visibilidad de la comunidad”.
“Esto surgió hace muchos meses cuando hable con los chicos de Kika (que es de nuestro colectivo) y decidimos que queríamos hacer algo divertido para que todos la pasen bien, siempre y cuando, no molestemos a nadie. Simplemente hacer una fiesta. ¿Por qué no podemos estar de fiesta?”, aseveró Lovagnini.
En tanto, amplió: “Bajo el permiso de la Municipalidad cortamos la calle con la idea de pasarla bien, que participemos todos y todas, sin necesidad de ser gay o lesbiana. El colectivo organizó esto para integrar a la sociedad y para que todos disfrutemos juntos más allá de la orientación sexual que tengamos. Fue un año difícil para nosotros y nosotras, por eso queremos divertirnos y relajarnos”. Además, el dirigente aseguró que si bien es la primera celebración que se realiza de estas características, ya están proyectando hacer otras en el futuro. Por lo pronto, adelantó que ya está prevista una marcha para el 15 de diciembre.
Del mismo modo, uno de los empleados de Kika destacó que lo más importante de este festejo, fue que hizo en el exterior cortando la calle y que al ser un evento abierto, en donde pudo concurrir quien quisiera, se logró una “mayor integración”. Luego explicó que este tipo de celebraciones sirven también para que la gente deje de ver a los gays como “seres extraños”. “Es muy lindo ver que se acercan personas que no pertenecen al colectivo y quieren compartir un momento divertido sin prejuicios”, expresó.
Por otro lado, Julia, una de las participantes de la “Diverfest”, opinó que es fundamental que este movimiento, que no hace mucho se está gestando, se promueva con la liberación de la sexualidad “mas allá de los encasillamientos”. En nombre de todo el grupo que la acompañaba, manifestó: “Siempre participamos en estos eventos relacionados al colectivo y esta buenísimo traerlo a la calle, socializarlo, que los vecinos compartan y que haya gente de otros lados, porque por lo general somos siempre los mismos los que venimos. Está bueno apoyar por la causa”.
Y explicó: “Esto lo hacemos público para que la gente pueda abrir la cabeza de una vez y entienda que no somos promiscuos, que no hacemos cosas raras, ni andamos desnudos, tocándonos y practicando sexo en la vía pública”.
No obstante, Gustavo, un joven que también fue partícipe de la fiesta, y que proclamaba la “no discriminación”, hizo oír su voz y relató: “Soy homosexual y no me da vergüenza decir que lo soy. Últimamente se está hablando de exhibicionismo por parte de los gays y todos tenemos el mismo derecho de ser felices”. En este sentido, cuestionó: “¿Por qué una pareja heterosexual, según las 'sociedades normales', puede besarse y amarse libremente por las calles y un gay no? ¿Cuál es la diferencia? Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué nosotros tenemos que andar como ratas de alcantarillas y andar escondiéndonos para amarnos? Estoy podrido de que, por personas intolerantes, todavía tengamos que debatir sobre estas cosas”.
De esta forma, el joven, enfurecido, recordó: “Una vez en la Costanera y a plena luz del día, había una pareja heterosexual besándose y manoseándose en el cordón de la calle. Yo, por ser gay, ¿qué tenía que hacer? ¿Ponerme a llorar y salir corriendo?” Luego de unos segundos, ironizó: “Pero claro, en este caso es perdonable porque son 'heteros'”. Por último, lamentó: “Somos todos seres humanos. Por lo tanto, todos deberíamos ser iguales y tener el mismo derecho a ser felices. Yo no comparto miles de cosas en este mundo pero tengo que respetarlas igual”.

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