A las nueve de la mañana entra al bar Rock&Feller’s de Oroño y Jujuy. Puntual, como se le espera de un verdadero holandés. Sabe los precios del desayuno de memoria, aunque asegura no ir mucho. “No es el lugar más barato pero a veces me gusta venir acá”, justifica su elección del lugar de encuentro. Por el momento, sus únicos ingresos vienen de la fundación, cosa que lo tiene un poco preocupado. Pero “hay que tomar elecciones”, y entonces disfruta de su merecido café con leche.
¿Cómo era su vida en Holanda?
Estudiaba “Nuevos Medios en Comunicación y Cultura Digital” en Utrecht. Iba todos los días en tren a la facultad. Era una hora de ida y una de vuelta. Vivía en otra ciudad (Papendrecht) con mi mamá y mis dos hermanos, porque mis padres se separaron cuando tenía 20 años. Entonces lo conocí a Mario Raimundi, un rosarino que trabajaba como entrenador de hockey en Holanda. Siempre me interesaron las otras culturas, entonces me llamaba la atención que fuese argentino. Un día vi un documental sobre Colombia, la pobreza y las FARC. Mostraban como cortaban bebés en pedazos y los tiraban como si fueran bolsas de basura. Me quedé muy sorprendido. Luego Mario me contó que unos años atrás, él había intentado empezar una ONG en Rosario para ayudar a los más pobres de la sociedad pero que, por razones de coimas y corrupción, nunca había logrado concretarla. Decidimos que había llegado el momento para reintentar esos planes con mi ayuda.
Cuando viajé por primera vez a Argentina, me vine preparado en cuanto a la pobreza. Había hablado con mucha gente y tenía más o menos una idea de cómo era. Pero ver a tantas personas mendigando en la calle me pareció muy chocante. Sí, en Holanda también hay, ¡pero no usan a los niños! Entonces, entendí que había toda una táctica detrás de eso, que utilizan a los chiquitos para dar lástima. También veía como la gente reaccionaba: algunos no les daban nada, otros les tiraban una moneda o algo para comer. La pobreza estaba tan presente, era imposible no verla.
¿Se siente inseguro por ella?
Por suerte, nunca me robaron. Sé que puede pasar en cualquier momento, entonces tengo mucho cuidado. Antes intentaba vestirme de “una forma argentina”, pero ya me di cuenta que igualmente parezco extranjero. Además cuando hablo un poco más, aperecen los errores gramaticales y la gente se da cuenta.
Entonces nació El Desafío en 2006...
Aprendimos muchísimo desde entonces. Antes, por ejemplo, recaudábamos comida en lata para los más pobres pero mucho no ayudaba, porque era solamente una solución a corto plazo. Es un lindo gesto de solidaridad pero no cambia nada. Te pone a vos en una posición superior, cuando en realidad la gente tiene que poder ayudarse a si misma.
Además nos dimos cuenta de que la gente en las villas no son los únicos que necesitan ayuda. Todos somos parte del problema, como también somos parte de la solución. La gente con dinero tiene, en cuanto a esto, más responsabilidades que los pobres porque han tenido una buena educación y quizás han viajado por el mundo. Con esos pilares deberían hacer mucho más de lo que están haciendo ahora. Pero claro, entiendo que ellos también tratan con la inseguridad. Es un sistema muy complejo. Lo que El Desafío propone es ofrecer ayuda paso por paso no solamente en las villas sino que también en el resto de la comunidad, para así crear una sociedad con iguales oportunidades de desarrollo para todos.
Hay algunas organizaciones que piensan: “Juntamos una banda de gente de clase media/alta y construimos unas casas para los pobres”. Algo que nadie pidió. Me parece una falta de respeto hacia esas familias. Nosotros primero tratamos de construir una buena relación con ellas, y después con el barrio. Pero no les vamos a solucionar las cosas. Si tienen un problema específico, tenemos créditos para ayudar. Pero no les regalamos dinero.
Como sí hace el gobierno...
Sí. Es una solución a corto plazo. Hay un problema, y lo solucionan de esa forma. Pero si siguen regalando dinero, esa gente sigue dependiendo del Estado. La verdadera respuesta está a largo plazo. La educación, por ejemplo. Tendrían que invertir en eso. Las escuelas públicas no tienen los recursos adecuados, los programas de educación son antiguos, los edificios están en mal estado, los profesores no están motivados (cosa que puedo entender, viendo su sueldo). Sé que hay dinero para esto. No se sabe muy bien donde está debido a tanta corrupción, pero lo tienen. Lo que sí, deben estar convencidos de que sea para una causa para la cual trabajamos todos.”
¿No confía en el gobierno argentino?
Tengo muy poca confianza en la honestidad de este gobierno. No puedo entender cómo Cristina (Fernández) puede hablar sobre ayudar a los pobres cuando ella misma tiene un sueldo altísimo. Mis amigos me dicen que así funcionan las cosas en Argentina, que todos los políticos son así y esa impotencia me hace muy mal.
Tampoco entiendo que el gobierno de un país que tiene tantos problemas como Argentina, decide dedicarse a cambiar una ley para que los chicos de 16 años puedan votar. No digo que sea una mala idea, vale la pena debatirla, pero no es el tema más importante en este momento. Además parece que la aprobaron con un cierto interés político, lo cual no beneficia la creencia en una democracia seria. Cada vez cuando hablo con militantes K, me doy cuenta que pensamos de la misma forma sobre muchos asuntos. Tendríamos que superar los límites de los partidos políticos y pensar en el beneficio de toda la sociedad. Y en especial en el beneficio de aquellos que más están sufriendo ahora.
Es la bipolaridad que maneja la sociedad que más me molesta. Las discusiones siempre se tratan sobre si estás a favor o en contra, y casi nunca sobre el contenido. Esa es una de las cosas que también queremos estimular con la fundación a través de reuniones en donde debatimos de una forma más profunda sobre los temas actuales. Para que la gente empiece a pensar por si misma. Este proyecto, que se llama La Academia, empezó el año pasado, pero por falta de tiempo no le dedicamos demasiada atención. A partir del año que viene esperamos ampliarlo.
Ahora que vive en Argentina, ¿cómo ve a su país natal?
Muy bien. La última vez que estuve en Holanda, caminaba por las calles de Amsterdam como si fuera un turista. Ahora que vivo acá, veo las cosas malas pero también las buenas. Viajar, en ese sentido, te hace ampliar tu horizonte y con eso tu mente, tu forma de pensar. Los holandeses se quejan de muchas cosas pero para mí todo funciona muy bien. La calidad de los servicios, la variedad de los restoranes... Son cosas que extraño, sí.
Creo que el holandés tiene en claro que al final del día tenemos que solucionar las cosas juntos. Y también creo que Mark Rutte (el primer ministro) es un hombre sincero. No estoy de acuerdo con su política, no lo voté, pero no tengo dudas de sus buenas intenciones.
¿Qué es lo que más le gusta de Argentina?
Desde el principio me gustaba mucho que la relación familiar sea más cálida. Creo que desde que me vine a Rosario, aunque también por el divorcio de mis padres, somos mucho más unidos con mi familia. Mi hermanita, por ejemplo, tiene como foto de portada en Facebook la bandera de Argentina. Me encanta eso porque ella entiende por qué me vine.
Estoy muy feliz acá, pero es difícil no quejarme sobre algunos asuntos. Por ejemplo, el otro día corrí un maratón de 11 kilómetros y veía muchas cosas mal organizadas, que yo hubiera hecho de otra forma. Parece casi un chiste, pero habían miles de participantes y ¡un solo baño! Así que te podés imaginar lo que hacían todos.
Si paso un año entero en Argentina me vuelvo loco. Hay mucho stress, inseguridad, indiferencia. La mentalidad de la gente hace que mi trabajo sea mucho más difícil. Es eso lo que queremos cambiar. Pero necesito estar inspirado, y soy como una pila, después de un rato me quedo sin energías, y necesito irme a Holanda. Pero tampoco aguanto un año entero allá. Estoy buscando un balance entre ambos países.
En su brazo tiene un tatuaje recién hecho. Un dibujo de unos edificios, un parque y un río, y abajo escrito ‘El Desafío’. ¿Es el Parque de las Colectividades?
Sí, con los silos. Es un tributo a Rosario y también es como yo pienso que podría ser la sociedad. Al Parque de las Colectividades vienen personas de todas las clases sociales. He visto muy pocos lugares en el mundo donde pase eso. También encuentro paz allí, ya que al otro lado del río no hay otra cosa que naturaleza. Es un lugar muy importante, ya que es donde se formó Rosario.
Me hace sentir orgulloso que Messi y el “Che” Guevara sean rosarinos. Y eso revela lo que siento por esta ciudad. Por eso también me hice el tatuaje. Anoche de repente me di cuenta que ¡tatué esa ciudad en mi brazo! Y no solo eso, también de todo lo que significa para mí. Mucho.
El miércoles 21 de noviembre los chicos de El Desafío presentarán el trabajo que han hecho durante el año y contarán sobre sus planes para el siguiente. Los esperan en el Salon Metropolitano a las 19.30. La entrada es gratuita pero limitada. Pedí tu entrada mandando un email a adrenalina@eldesafio.org o por Facebook.

No hay comentarios:
Publicar un comentario