jueves, 1 de noviembre de 2012

Sin música, la vida sería un error

(Por Facundo Tarrés) Toda familia o grupo de amigos que sale al cine, al teatro, al circo y a la cancha siempre paga una entrada y pocas son las veces que se cuestiona si la exhibición está sobrevaluada. Ahora bien, en el momento que tienen que abonarle al músico un mísero derecho de espectáculo, en los bolsillos sólo quedan hojas secas. A su vez, los empresarios nocturnos, o bolicheros, sin amparo alguno, pretenden cobrarles a los artistas a cambio de su trabajo, alquilándoles el espacio. Todas estas denigraciones y limitaciones que afectan a los músicos de la ciudad, hicieron que naciera una agrupación con el fin de pelear por los derechos de los artistas: Músicos Agremiados Rosario (MAR).

Desde el principio de su existencia, el MAR exteriorizó su repudio a todos los mercaderes que no reconocen al músico como un trabajador. “No pagar para tocar” fue el primer lema que movilizó a este grupo de personas a reunirse en diferentes bares, a organizar peñas, ciclos de música, a volver públicas sus necesidades como laburantes. Una vez que esta agrupación, autónoma y autogestiva, llegó a tramitar institucionalmente su personería jurídica para funcionar como una asociación civil, se creó un proyecto de ordenanza en donde ampliaron su petitorio. En sus líneas, exponen como solicitud cobrar asignaciones familiares, jubilarse como músico, tener descuentos en casas de música y salas de ensayo, no pagar para tocar, difundir sus bandas en radios AM y FM, obtener subsidios para sus espectáculos y participar de un ciclo anual de recitales que se desarrolle en distintos locales de la ciudad. En concreto, reconocer al músico como un trabajador.

 Al notar que muchos artistas pagan para tocar, deshonrando a la profesión y bastardeando al colega, el presidente de Músicos Agremiados Rosario, Leandro Machado, enfatizó en una carta pública: “Compañeros, somos profesionales, somos trabajadores, no compren espejitos de colores a bolicheros que les quieren cobrar a ustedes, los que exponen su arte. Eso es un fraude laboral, no trancen con los que viven a costilla nuestra. Seamos dignos, piensen que es mucho mejor tocar en un bar chiquito quedándonos con el bordereaux que tocar en lugares con mucho cartel, pero que en realidad se quedan con la plata de la gente que nosotros llevamos. Valoren la profesión, piensen cuánto gastan en cuerdas, gráfica, salas de ensayo, foniatra, flete; y recuerden, sobre todo, que esos lugares sin nosotros se cagan de hambre”.

 El secretario de la organización, Santiago Dalleva, le contó una parábola a Siempre es hoy sobre un restaurant pequeño y común del centro de la ciudad que trataba de conseguir bandas de música gratis. En su descortés invitación podía leerse: “Estamos buscando músicos que quieran ir a tocar al bar para que promuevan su trabajo y vendan sus discos. Este no es un trabajo cotidiano, pero si funciona en ocasiones especiales se podría convertir en noches de música y baile más a menudo. Jazz, rock y música tranquila es lo que nos gustaría que mezcles. ¿Estás interesado en promover tu trabajo?”.

 Según las palabras pausadas de Santiago, la respuesta del artista podría ser la siguiente: “Yo soy un músico que vive en una casa bastante grande y estoy buscando a un restaurantero que se interese en venir a mi casa a promover su menú a la hora de la cena para mis amigos y yo. Esto no es un trabajo diario, pero por ser una ocasión especial podría convertirse en un evento semanal si lo hacen bien. Nos gustaría que trajeran comida bien hecha, cocida, y sobre todo que haya algunos alimentos exóticos en el menú ¿Está interesado en promover su trabajo?”.

 Por otra parte, en los últimos días ha nacido una nueva iniciativa en la que se le pide al Secretario General del Sindicato Obreros de Panaderos, Jorge Juárez, un espacio autogestionado para que el MAR pueda desarrollar jornadas de expresiones artísticas como música en vivo, exposiciones, muestras, reuniones y clases. Mientras la contraprestación de servicios en el terreno todavía está siendo analizada por las autoridades del gremio, el vicepresidente de los Músicos Agremiados, Marcelo Arce, comentó: “Hoy en día, en la ciudad, las condiciones para ejercer nuestra profesión se ofrecen de forma conflictiva, ya que la mayor parte de los espacios en donde podemos presentar nuestro trabajo les cobran a los músicos para tocar, o les quitan porcentajes sin dar ningún servicio a cambio”.

 En tanto, amplió: “Porque creemos que las instituciones intermedias deben trabajar en forma conjunta, generando lazos favorables que rellenen los vacíos que dejan tanto el Estado como las empresas privadas, nos acercamos a este sindicato para dialogar sobre el pedido formal de un espacio que nos permita ejercer nuestro trabajo. A cambio, nos ofrecemos a mantener el espacio en perfectas condiciones, pagando impuestos y servicios. Todavía estamos esperando respuestas”.

 Cuando nos duele una muela, vamos al dentista y pagamos la consulta. Queremos instruirnos en idiomas y vamos a clases, donde todos los meses dejamos un porcentaje de nuestro sueldo. Si tenemos un conflicto legal, contratamos a un abogado al que tenemos que otorgarle sus honorarios. Entonces, al momento de ver un buen espectáculo musical, y como a todos los demás trabajadores, hay que pagarles por su tiempo. 

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