“Ahí viene Osvaldo
con su maleta
llena de historias para contar,
llena de huellas,
llena de sueños
y de un olvido marca oficial”
(Arbolito)
Osvaldo Bayer: “Hay que luchar por
una verdadera reforma agraria, dar la tierra a quienes la trabajan”
(Por Fabián Chiaramello) Alrededor de
las 17 Chavela Bar rebalsaba de gente. Una mesa, cuatro sillas
vacías, algunas wiphalas y banderas mapuches le daban color al
“escenario”, preparado para los representantes de algunos de los
pueblos originarios que residen en la ciudad y para el Maestro
Osvaldo Bayer que, llegado hace muy poco de Alemania, no para de
caminar.
Cuando Osvaldo aparece por la puerta
del bar empiezan a sonar las trutrukas de los mapuche de la comunidad
de Rosario, Inay Leufv Xavn (Encuentro Cerca del Río), para
recibirlo con cariño y respeto. Como lo merece por su incansable
lucha.
“Don Osvaldo Bayer es de esas
personas que nos han marcado el camino. Además tenemos la suerte de
que no nos marcó un camino y nos dijo tiempo atrás: ‘Cuento esta
historia, rescato esto, les doy estas palabras, fijensé por dónde
hay que ir’. Sino que a todos los argentinos no nos suelta la
mano”, así comenzó Amalia, una de las organizadoras para dar
inicio al encuentro y le pasó el micrófono a la primer oradora.
Amanda Colihueque, de la comunidad mapuche, saludó en mapuzungun, su
idioma ancestral, e hizo un recorrido por la lucha de Osvaldo junto a
su pueblo desde hace cinco décadas.
Isidora Céspedes representa a la
comunidad guaraní que reside en Rosario. Ella también saludó en su
lengua y tradujo sus palabras al idioma del conquistador. Céspedes
es un apellido español, según contó, que le fue impuesto por
herencia. Tras un repaso por la historia de su vida, desde que nació
en Paraguay, hasta su llegada a la ciudad, recordó que sus ancestros
le enseñaron a “no tener vergüenza por su cultura” y es por eso
que aún hoy habla su idioma y lo enseña. Griselda, una joven jujeña
que reemplazó a Cristina Choque, de la comunidad kolla, contó cómo
cambió su vida cuando llegó a la ciudad para estudiar: “Me
encontré con una cotidianidad bastante acelerada y distinta a la que
vivía”.
Luego tomó el micrófono Don Osvaldo,
rango que le fue dado por quienes lo respetan y lo siguen en su
lucha, que empezó recordando cuando doce años atrás se paraba bajo
el monumento más grande que tiene la ciudad de Buenos Aires que es
“nada más ni nada menos que al racista Julio Argentino Roca”.
“Me acuerdo que empecé para sacar ese monumento, que para mí es
una vergüenza, y poner allí a quien lo merece: la Mujer de los
Pueblos Originarios. ¡Cómo sufrió esa mujer! Empecé a dar clases
de historia, con verdaderos documentos sobre Roca. Éramos 3
personas. Al siguiente jueves fueron 5, después 10, cada
jueves iba aumentando, hasta que logramos cortar el tránsito de la
diagonal sur, que por supuesto, se llama Julio A. Roca. A 90 metros
del Cabildo tan extraordinario que nos dio la libertad”, contó el
escritor, historiador y periodista.
¿Qué nos pasó a los argentinos?
Eso se pregunta Don Osvaldo. Hace referencia a los revolucionarios
documentos de Mayo, a Moreno, Castelli y Belgrano con su
reivindicación de los Pueblos Originarios: “Cuando Belgrano llega
al Paraguay le da la libertad a todos los pueblos originarios de la
zona, les devuelve las tierras comunitarias que tuvieron durante
siglos y que fueron quitadas por los españoles, y termina todas las
formas de esclavitud a la que fueron sometidos los pueblos por los
europeos. Esos documentos de Castelli cuando llega al Alto Perú y
también les da los mismos derechos que a nosotros, los hijos de
europeos. Ese Mariano Moreno con su tesis que dice todo lo que
tenemos que aprender de los pueblos”.
En Argentina se abolió la esclavitud
en la Asamblea del Año XIII, en Estados Unidos en 1863 y en Brasil
recién en 1871. “Ese Himno Nacional donde cantamos, año tras año,
y no nos damos cuenta lo que decimos: ‘Ved en trono a la noble
igualdad’. ¡La noble igualdad! 1813, se da la libertad a los
esclavos ¿Para qué? Trece años después Bernardino Rivadavia
decreta que se contrata al coronel europeo Federico Rauch para
exterminar a los indios ranqueles, punto. No se tomó ni siquiera el
trabajo de explicar por qué. Y así va a seguir la política en el
país”, contó Bayer, que no deja escapar los grandes hechos de la
historia que son ocultados y forzados al olvido.
Después de la citada llegada de
Rauch, Juan Manuel de Rosas hizo la primer “campaña al desierto”,
se quedó con tierras de los originarios y llevó a los varones para
trabajar en sus estancias. “Eso hay que decirlo también, los
historiadores racistas no tocan ese aspecto de Rosas”, reclamó
Bayer y continuó: “Después viene Roca y señala que hay que
seguir el ejemplo de EEUU con el Remington de diez tiros seguidos.
Dice en su pedido al presidente Avellaneda, ‘tenemos que exterminar
para siempre a los salvajes, a los bárbaros, como hizo EEUU que
eliminó a los Sioux y a los Pieles Rojas’. Y le pide diez mil
remingtons, que los importe, para exterminar a los pueblos
originarios. Y el presidente lo hace. Con el saludo de Mitre y de
Sarmiento, eso nunca lo dicen. Sarmiento fue un enorme racista, está
en sus escritos, a pesar que él tenía sangre huarpe, sanjuanina, a
través de su madre. Y entonces va a empezar esa historia que nos
denigra y que nunca nos fue enseñada: el exterminio de los pueblos
originarios”.
“Lo peor de Roca es que restablece
la esclavitud en 1879, lo pueden leer en el Archivo General de la
Nación”, siguió Bayer, buscando una respuesta hacia esa incógnita
sobre qué pasó después de las proclamas de aquellos
revolucionarios. Osvaldo siempre cuenta con documentos para comprobar
todo lo que dice. Es como su casita de Belgrano, bautizada “El
Tugurio” por Osvaldo Soriano, llena de libros, papeles, historia.
“Hoy entrega de indios. A toda familia de bien que lo requiera se
le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y
un chinito como mandadero”, cita el Maestro, ya de memoria de
tantas veces que ha repasado semejantes documentos firmados por el
presidente Avellaneda y el ministro de Guerra, Julio A. Roca en los
avisos oficiales de 1879. Luego leyó otra crónica desgarradora de
uno de los diarios de la época, El Nacional, en la que se describe
la “entrega de indios” en las plazas y advirtió que estos
documentos son sólo algunos de los cientos que demuestran lo que se
hizo con las comunidades en el país.
“Era el denominado liberalismo
positivista, aprendíamos de Europa, nuestro ejemplo era Estados
Unidos. Lo escribía Sarmiento, por eso trajo las maestras
norteamericanas, para que nos enseñaran cómo hicieron ese
‘progreso’. Esto es algo que tenemos que revisar, con documentos
científicamente comprobables, están todos en el Archivo General de
la Nación. Y aprender de lo que hicimos los argentinos:
reimplantamos la esclavitud que había sido terminada en 1813”,
continuó revisitando Osvaldo, que podría dar interminables
seminarios con la “otra historia”.
En 1866 se fundó la Sociedad Rural
Argentina, entre sus pilares fundacionales se encontraba José
Alfredo Martínez de Hoz. Este grupo fue uno de los que co-financió
la “Campaña del Desierto”. “Esto tampoco se nos enseñó: la
SRA le va a decir al presidente Avellaneda que los indios son
ladrones y le roban las vacas y que hay que terminar con ellos, y
ofrecen dinero para exterminarlos”, relató Bayer y siguió: “Los
indios no eran ladrones, lo dice ya muy bien el sabio
alemán Alexander von Humboldt, en su
libro de viajes por América, en el año 1790, donde señala que él
como europeo aprende mucho de los pueblos originarios, primero porque
no tienen sentido de la propiedad, para ellos todo es comunitario.
‘El respeto que tienen de la naturaleza, no producen más de lo que
necesitan para vivir, piensan en las próximas generaciones’. Uno
lee ese libro escrito en 1790 y realmente se pregunta qué hicieron.
Los europeos no aprendieron nada de estos pueblos, al contrario, los
explotaron, y se llevaron todo el oro y la plata”.
La tierra a quienes la trabajan
Es tiempo de hacer justicia, la lucha
es larga y paciente. Para Don Osvaldo es necesario terminar de una
buena vez con el latifundio y defender las tierras comunitarias de
los pueblos originarios. La historia de la comunidad de Santa Rosa
Leleque es conocida y es un claro ejemplo de la injusticia a la que
son sometidos los verdaderos merecedores de la tierra: el empresario
italiano Luciano Benetton compró 900 mil hectáreas en la Patagonia,
en la provincia de Chubut, de las cuales 300 pertenecían a familias
mapuche que cultivaban esas tierras desde siglos. “Un señor que
nunca vino a la Patagonia les quitó las 300 hectáreas que tenían
las familias, y la justicia de primera instancia le dio la razón y
le quitó las tierras a los mapuches. Lo primero que hizo Benetton
fue pasar los arados sobre las tierras donde cosechaban frutillas.
Cuando hicimos una gran protesta en repudio a lo sucedido, una señora
me dijo ‘quisieron destruir todo, pero fíjese lo sabia que es la
naturaleza’: habían dejado sin destruir diez plantas de frutillas
y esas dieron frutos del doble de tamaño. Como enseñándole a ese
señor que no se puede destrozar la naturaleza”, contó Bayer.
Cuarenta millones de hectáreas fueron
repartidas entre 1800 estancieros, miembros de la Sociedad Rural,
después del genocidio de Roca en el sur. A los Martínez de Hoz se
le “otorgaron” dos millones 500 mil hectáreas. Sí, todo eso que
parece un mundo. Esa es una cuenta pendiente y urgente de los
argentinos. “Hay que luchar por una verdadera reforma agraria, dar
la tierra a quienes la trabajan”, puntualizó Osvaldo.
Terminar con el símbolo
Osvaldo Bayer empezó hace doce años
con la campaña para “desmonumentar” a Roca. “A San Martín lo
enviamos a Retiro, en una estatua tapada por la torre de los
ingleses, nada menos. Pero a Roca lo hemos puesto en el centro a 90
metros del Cabildo, mirando la Casa de Gobierno como diciendo ‘ojo
que yo estoy aquí, mirando’”, dijo en un tono irónico y agregó,
siguiendo la forma, entre risas: “Lo pusimos en un caballo, cuando
sabemos que, por los diarios que han escrito los oficiales, Roca
nunca montó, lo hizo todo en carroza, porque tenía una enfermedad
anal y no podía subir al caballo”.
Allí se va a levantar el monumento a
quien lo merece. El Monumento a la Mujer Originaria que se está
haciendo en un galpón de la ESMA, gracias al aporte de la gente que
dona las llaves de bronce en desuso y al trabajo de Andrés Zerneri,
quien fue el creador del primer monumento al Che que se realizó de
la misma forma. “¡Como sufrió cuando le quitaron sus niños! Y en
su cuerpo se originó el criollo, que fue el soldado de nuestra
independencia. Ella lo merece y lo estamos haciendo. Y no queremos
que el gobierno nos ponga nada de dinero, ni tampoco fundaciones
extranjeras”, contó orgulloso el iniciador de esta campaña que
recolecta bronce por todo el país, y dejó en claro: “No
solucionamos el problema cambiando el monumento, pero sí terminamos
con el símbolo de la discriminación y del crimen que fue la Campaña
del Desierto”.
Cuenta pendiente
Tras varios años de trabajo e
investigación, Bayer y un gran equipo de trabajo concretaron el film
Awka Liwen (Rebelde Amanecer), que cuenta la historia de la tenencia
y posesión de la tierra a partir del despojo al que han sido
sometidos los pueblos originarios y el gaucho. “Awka Liwen la
hicimos sin ayuda de nadie, porque el gobierno nacional no nos aportó
ni 5 centavos, a pesar que el INCAA da grandes cantidades de dinero
para otras películas. Me puso muy triste eso”, expresó afligido.
Hasta ahora se ha hecho muy poco por los pueblos originarios, “por
lo menos, éste gobierno tiene que reconocer las tierras
comunitarias”.
Bayer recordó la lucha de la
comunidad Qom, Potae Napocna Navogoh, de Formosa y la
disputa por sus tierras: “Gracias a que tienen a ese cacique, Félix
Díaz, que es una noble figura que ha estado en Capital Federal, en
una huelga de hambre y así se logró reconocer su problemática. Por
eso este gobierno que ha hecho mucho por los derechos humanos, tiene
que también decidirse y hacer una legislación sobre los pueblos
originarios”.
“Debemos aprender de los pueblos
originarios esa sabiduría de la tierra, defender sus derechos,
enseñar lo que fue nuestra historia, terminar con el racismo. Más
todavía con los últimos estudios que señalan que el 61 por ciento
de los argentinos tienen sangre de los pueblos originarios, sobre
todo a través del criollo. Tenemos ese deber para cumplir con
aquellos principios de Mayo”, finalizó el libertario de 85 años,
que mantiene intacta su juventud.
A modo de agradecimiento por la
defensa de la causa mapuche, Amanda Colihueque, le dedicó el kona
tayiel, el canto de los valientes, y recordó: “Ya desde el 82 que
nos ayudaba en ese monumento que está en el Centro Cívico de
Bariloche, las veces que ha ido a la Patagonia, a comunidades
perdidas en el medio de la cordillera, por eso este pequeño canto”.
A partir del carácter abierto de la
charla, y previo a su participación en la proyección de Awka Liwen,
Bayer contestó algunas preguntas de los presentes. Acerca de lo
ocurrido recientemente con el militante del Mocase asesinado por un
sicario, dejó en claro su admiración por la gente del movimiento de
Santiago del Estero: “Los conozco, son defensores de la tierra, la
poca que tienen, trabajadores de la tierra. En Santiago del Estero y
toda esa zona hay una especie de mafia de la tierra. ¡Y qué
valentía que tienen! He estado en asambleas, auténticamente
democráticas, todos tienen la palabra. Mujeres que nunca hablaron en
asambleas se largan a hablar. Tienen un gran coraje civil, pero
siempre está la mafia gubernamental o no, o de la Sociedad Rural o
de alguien que les paga para que cometan esos crímenes”. Además
agregó que “ahora salen en los diarios, antes no se decían, ni
siquiera se denunciaba eso”. También criticó el accionar de las
gobernaciones que son cómplices y hasta a veces las mismas que
cometen los delitos, como el caso de Formosa.
Bayer tiene el don de dejar preguntas
para quien lo escucha. Y eso ocurrió sobre el final de su charla,
cuando se preguntó: “¿Vale el voto popular? ¿Es democracia poner
el papelito en las urnas cada dos años? Cuando un partido político
tiene millones para hacer propaganda y otros no tienen casi nada. ¿Es
democracia eso o lo son las asambleas? ¿De qué igualdad hablamos
cuando cantamos la noble igualdad? ¿Del Barrio Norte de Buenos Aires
y que a diez cuadras está la villa miseria 31?”.
“Hay que ir a verla, para ver la
extrema pobreza de esa gente”, relató con un tono aún más
indignado el anarquista que se autodefine “pacifista a ultranza”.
Siempre coherente y fiel a sus convicciones se despidió con un
mensaje que repite hasta el hartazgo: “Siempre sostengo y lo voy a
repetir más, en mis charlas y conferencias siempre termino diciendo
que mientras haya villas miseria no hay una verdadera democracia”.
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