lunes, 1 de octubre de 2012

Cómo mirar lo desechable con otros ojos


Un taller para abrir la mente y dejar volar la imaginación
Jorge Crowe estuvo en la ciudad y dio un taller llamado “Laboratorio de Juguetes”. Hace más de cuatro años que el juguetero recorre ciudades mostrándole a la gente todo lo que se puede hacer con “la basura”.

(Por Aylén Guevara) El pasado fin de semana la ciudad le dio la bienvenida a Jorge Crowe, docente y juguetero que se especializa en reciclar la famosa “basura electrónica” que es desechada todos los días por los ciudadanos. Crowe notó hace algunos años que en Buenos Aires se arrojaban elementos interesantes como placas de video, celulares viejos o cables que demostraban tener alguna falla y que él, juntándolos, podía crear algo diferente. Así fue como este hombre que puede ver más allá de un muñeco de plástico, un dinosaurio o un teléfono viejo comenzó con “Laboratorio de Juguetes”. Allí Crowe enseña cómo enlazar la electrónica, el arte y los juguetes. 


 Rosario fue sede del taller durante el último viernes y sábado del mes de septiembre. Pero además, para quienes no tuvieron la posibilidad de asistir a dicha jornada, el sábado a partir de las 20 Crowe junto con Loli Mosquera, fotógrafa que trabaja en cine, realizaron un set audiovisual.
 Con la luna como testigo de lo que iban a ver los espectadores que se acercaron a la explanada del Complejo Astronómico Municipal, una mesa llena de “juguetes viejos”, luces, cables de todos los colores y una pared donde se iban a proyectar las imágenes fue todo lo que se necesitó para hacer un viaje al futuro con elementos del pasado. Había pasado media hora del horario pactado y no había más de cuarenta personas, esperando ver el montaje de Crowe. La mayoría, entendidos del tema, seguidores del juguetero y fanáticos de las mezclas esperaban con ansías que comenzara la función.
Tranquilo, con un tono de voz suave y un volumen bajo, el artista pidió que quienes estaban allí se ubicaran frente a la pantalla así podían comenzar con la puesta que habían preparado con Loli Mosquera. Todo lo que iban a ver era capturado por una mínima cámara de vídeo que andaba sobre la mesa conectada a una pista de carrera arriba de los viejos autitos a control remoto. Había dos dinosaurios, soldados, muñecos a cuerdas, y algunos juguetes combinados con luces de colores, brazos gigantes, diferentes cabezas, entre otras cosas.
 Todos los sonidos, efectos y luces salían de los juguetes que Crowe recreó junto con su imaginación. Cada uno de ellos estaban conectados entre sí, y tenían una función que cumplir en la historia que los espectadores estaban viendo. Asombrados por el sonido, las luces y la capacidad de crear algo realmente fantástico con elementos que todos tienen en sus casas, nadie se perdía un detalle de la obra. Sólo se escuchaban rayos, tiros, baterías, guitarras y a los sorprendidos espectadores que no dejaban de deslumbrarse con cada nuevo efecto. Las imágenes iban de la mano de Loli Mosquera, que con una mezcladora iba combinando y eligiendo qué era lo que quería proyectar en la pantalla.
 No más de cuarenta minutos duró el set audiovisual, titulado Fatto in casa. Al finalizar Crowe cerró la exposición con un “puede fallar”. Aunque, sin dudas, si hubo algún inconveniente o “problema técnico” nadie lo notó.


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