Un
taller para abrir la mente y dejar volar la imaginación
Jorge
Crowe estuvo en la ciudad y dio un taller llamado “Laboratorio de
Juguetes”. Hace más de cuatro años que el juguetero recorre
ciudades mostrándole a la gente todo lo que se puede hacer con “la
basura”.
(Por
Aylén Guevara) El pasado fin de semana la ciudad le dio la
bienvenida a Jorge Crowe, docente y juguetero que se especializa en
reciclar la famosa “basura electrónica” que es desechada todos
los días por los ciudadanos. Crowe notó hace algunos años que en
Buenos Aires se arrojaban elementos interesantes como placas de
video, celulares viejos o cables que demostraban tener alguna falla y
que él, juntándolos, podía crear algo diferente. Así fue como
este hombre que puede ver más allá de un muñeco de plástico, un
dinosaurio o un teléfono viejo comenzó con “Laboratorio de
Juguetes”. Allí Crowe enseña cómo enlazar la electrónica, el
arte y los juguetes.
Rosario
fue sede del taller durante el último viernes y sábado del mes de
septiembre. Pero además, para quienes no tuvieron la posibilidad de
asistir a dicha jornada, el sábado a partir de las 20 Crowe junto
con Loli Mosquera, fotógrafa que trabaja en cine, realizaron un set
audiovisual.
Con
la luna como testigo de lo que iban a ver los espectadores que se
acercaron a la explanada del Complejo Astronómico Municipal, una
mesa llena de “juguetes viejos”, luces, cables de todos los
colores y una pared donde se iban a proyectar las imágenes fue todo
lo que se necesitó para hacer un viaje al futuro con elementos del
pasado. Había pasado media hora del horario pactado y no había más
de cuarenta personas, esperando ver el montaje de Crowe. La mayoría,
entendidos del tema, seguidores del juguetero y fanáticos de las
mezclas esperaban con ansías que comenzara la función.
Tranquilo,
con un tono de voz suave y un volumen bajo, el artista pidió que
quienes estaban allí se ubicaran frente a la pantalla así podían
comenzar con la puesta que habían preparado con Loli Mosquera. Todo
lo que iban a ver era capturado por una mínima cámara de vídeo que
andaba sobre la mesa conectada a una pista de carrera arriba de los
viejos autitos a control remoto. Había dos dinosaurios, soldados,
muñecos a cuerdas, y algunos juguetes combinados con luces de
colores, brazos gigantes, diferentes cabezas, entre otras cosas.
Todos
los sonidos, efectos y luces salían de los juguetes que Crowe recreó
junto con su imaginación. Cada uno de ellos estaban conectados entre
sí, y tenían una función que cumplir en la historia que los
espectadores estaban viendo. Asombrados por el sonido, las luces y la
capacidad de crear algo realmente fantástico con elementos que todos
tienen en sus casas, nadie se perdía un detalle de la obra. Sólo se
escuchaban rayos, tiros, baterías, guitarras y a los sorprendidos
espectadores que no dejaban de deslumbrarse con cada nuevo efecto.
Las imágenes iban de la mano de Loli Mosquera, que con una
mezcladora iba combinando y eligiendo qué era lo que quería
proyectar en la pantalla.
No
más de cuarenta minutos duró el set audiovisual, titulado Fatto
in casa.
Al finalizar Crowe cerró la exposición con un “puede fallar”.
Aunque, sin dudas, si hubo algún inconveniente o “problema
técnico” nadie lo notó.
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