miércoles, 24 de octubre de 2012

Noche Musical



Una nueva experiencia con Daniel Melero
(Por Nicolas de Sanctis) El original músico y compositor se presentó con su banda, el viernes pasado, en El Gran Salón de la Plataforma Lavardén. En un show intenso y seductor, aprovechó para tocar su último álbum titulado Supernatural, y repasar su discografía.
El Gran Salón del Teatro Lavardén se ha convertido en una excelente noticia para todos los rosarinos amantes de la buena música. Este sofisticado recinto, ubicado en el quinto piso del edificio e inaugurado hace muy poco tiempo, se constituye como un espacio ideal para observar a los artistas de una forma íntima y placentera. El salón permanece a oscuras, y está repleto de modernas mesas con velas. Como si fuera poco, uno puede tomarse un trago y hasta comer alguna entrada.


Allí, el prestigioso músico Daniel Melero salió a escena para brindar un innovador y sorprendente show donde interpretó canciones pertenecientes a su vasto repertorio y a su último trabajo Supernatural. Estuvo acompañado por una prolija y joven banda integrada por Tomás Barry (guitarra), Félix Cristiani (bajo), Guillermo Rodríguez (sintetizador), Yuliano Acri (sintetizador) y Silvina Costa (batería).
El recital comenzó con la potencia electro-pop de “Palabras”, un tema oscuro y bailable, al mejor estilo Los encargados, banda con la que el músico protagonizó una de las propuestas más originales de los años 80. Vestido de elegante traje y lentes, agradeció la presencia a la centena de espectadores, en su mayoría jóvenes. Sin demoras dio paso a “Esta piel” y a las próximas canciones.
El recital se movió constantemente entre las composiciones más electrónicas, densas y penetrantes, y las luminosas baladas pop tan características del artista. Además, la banda no contaba con una lista de temas premeditada, sino que los mismos surgían en el momento, ante la mirada cómplice de los músicos y las indicaciones de un Melero inspirado.
El show de desplegó con elegancia y misterio. La gente nunca dejó de estar atenta, situación que todo artista añora, y se sumergió en el viaje experimental y moderno que ofreció quien fuese uno de los productores más influyentes de la carrera de Soda Stereo. A Melero se lo notaba como un viejo zorro, músico de mil batallas, que, rodeado de una banda compuesta por chicos de no más de 30 años, se movió con soltura y elegancia, histriónico e incisivo.
“Habitantes”, “No dejes que llueva”, “Tenés” y “Río”, fueron las próximas canciones que sonaron, interpretadas a la perfección por la banda. El show tuvo mucho de improvisación, de espontaneidad. Las canciones a veces se alargaban más de la cuenta, e incluso se produjeron algunos “pasajes instrumentales” que unían a una canción con otra, sin dejar espacio a silencios ni conclusiones.
Daniel Melero se dedicó básicamente a cantar e interpretar, aunque, acompañado por un pequeño sintentizador, también se sumaba a los experimentos de su banda, plagados de sonidos espaciales.

Se nota que este ya legendario compositor, se siente cómodo dentro de la confusión, del desorden y la naturalidad, aunque siempre sale bien parado. Su voz, grave y desgarradora, fue una invitación a la sensibilidad y a la expresión. Uno no está acostumbrado a ver a esta clase de artistas arriesgados, que modifican las canciones sobre la marcha, que charla con sus músicos durante el show o que improvisa melodías y susurros en plena performance.

Lo asombroso de todas estas particularidades, es que se desarrollaron con fluidez y belleza, provocando una experiencia divertida y reveladora para los afortunados que se llegaron hasta el Lavardén.
De esta forma, entre la oscuridad y la luz, la justeza y el error, el recital fue llegando a su fin. “Vamos a terminar con un tema que no estaba previsto”, señaló Melero antes de darle comienzo a la última canción. Y allí, una vez más, la banda se sumergió en un tema instrumental larguísimo, mientras a medida que pasaban los minutos los integrantes del grupo se iban retirando, de a uno, zampleando sonidos y dejando que la música termine siendo, nuevamente, la única protagonista sobre el escenario.

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