Una nueva experiencia con Daniel Melero
(Por Nicolas de Sanctis) El original músico y compositor se
presentó con su banda, el viernes pasado, en El Gran Salón de la
Plataforma Lavardén. En un show intenso y seductor, aprovechó para
tocar su último álbum titulado Supernatural, y
repasar su discografía.
El Gran Salón del Teatro Lavardén se
ha convertido en una excelente noticia para todos los rosarinos
amantes de la buena música. Este sofisticado recinto, ubicado en el
quinto piso del edificio e inaugurado hace muy poco tiempo, se
constituye como un espacio ideal para observar a los artistas de una
forma íntima y placentera. El salón permanece a oscuras, y está
repleto de modernas mesas con velas. Como si fuera poco, uno puede
tomarse un trago y hasta comer alguna entrada.
Allí, el prestigioso músico Daniel
Melero salió a escena para brindar un innovador y sorprendente show
donde interpretó canciones pertenecientes a su vasto repertorio y a
su último trabajo Supernatural.
Estuvo acompañado por una prolija y joven banda integrada por Tomás
Barry (guitarra), Félix Cristiani (bajo), Guillermo Rodríguez
(sintetizador), Yuliano Acri (sintetizador) y Silvina Costa
(batería).
El recital comenzó con la potencia
electro-pop de “Palabras”, un tema oscuro y bailable, al mejor
estilo Los encargados,
banda con la que el músico protagonizó una de las propuestas más
originales de los años 80. Vestido de elegante traje y lentes,
agradeció la presencia a la centena de espectadores, en su mayoría
jóvenes. Sin demoras dio paso a “Esta piel” y a las próximas
canciones.
El recital se movió constantemente
entre las composiciones más electrónicas, densas y penetrantes, y
las luminosas baladas pop tan características del artista. Además,
la banda no contaba con una lista de temas premeditada, sino que los
mismos surgían en el momento, ante la mirada cómplice de los
músicos y las indicaciones de un Melero inspirado.
El show de desplegó con elegancia y
misterio. La gente nunca dejó de estar atenta, situación que todo
artista añora, y se sumergió en el viaje experimental y moderno que
ofreció quien fuese uno de los productores más influyentes de la
carrera de Soda Stereo.
A Melero se lo notaba como un viejo zorro, músico de mil batallas,
que, rodeado de una banda compuesta por chicos de no más de 30 años,
se movió con soltura y elegancia, histriónico e incisivo.
“Habitantes”, “No dejes que
llueva”, “Tenés” y “Río”, fueron las próximas canciones
que sonaron, interpretadas a la perfección por la banda. El show
tuvo mucho de improvisación, de espontaneidad. Las canciones a veces
se alargaban más de la cuenta, e incluso se produjeron algunos
“pasajes instrumentales”
que unían a una canción con otra, sin dejar espacio a silencios ni
conclusiones.
Daniel Melero se dedicó básicamente a
cantar e interpretar, aunque, acompañado por un pequeño
sintentizador, también se sumaba a los experimentos de su banda,
plagados de sonidos espaciales.
Se nota que este ya legendario
compositor, se siente cómodo dentro de la confusión, del desorden y
la naturalidad, aunque siempre sale bien parado. Su voz, grave y
desgarradora, fue una invitación a la sensibilidad y a la expresión.
Uno no está acostumbrado a ver a esta clase de artistas arriesgados,
que modifican las canciones sobre la marcha, que charla con sus
músicos durante el show o que improvisa melodías y susurros en
plena performance.
Lo asombroso de todas estas
particularidades, es que se desarrollaron con fluidez y belleza,
provocando una experiencia divertida y reveladora para los
afortunados que se llegaron hasta el Lavardén.
De esta forma,
entre la oscuridad y la luz, la justeza y el error, el recital fue
llegando a su fin. “Vamos a terminar con un tema que no estaba
previsto”, señaló Melero antes de darle comienzo a la última
canción. Y allí, una vez más, la banda se sumergió en un tema
instrumental larguísimo, mientras a medida que pasaban los minutos
los integrantes del grupo se iban retirando, de a uno, zampleando
sonidos y dejando que la música termine siendo, nuevamente, la
única protagonista sobre el escenario.
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