Gerardo
Cabral, el artista de los barrios
Un
licenciado en la vida
Si se realiza un análisis sobre el estilo en el que su vida pasea, Gerardo
Cabral automáticamente cae bajo las garras del arte. Ex integrante de Clip
(conjunto musical de los 90’ que giró por varios países de Sudamérica),
profesor de piano y guitarra, director de cortos audiovisuales con producción
local y escritor de versos que compendiaron su libro “Será que la muerte nunca
tuvo vergüenza”, en una entrevista desarticulada con Siempre es hoy, recorrió todos los charcos y flores que sus pies
pisaron, desde la infancia hasta la actualidad.
(Por Facundo Tarrés) Gerardo Cabral recibió al blog con ropa de
entre casa, cara de dormido y su cabeza rapada, como usualmente lleva. Dos
tazas de café casi a punto de rebalsar, una habitación llena de vida, imágenes,
pinturas e instrumentos. Arriba de su piano alemán podía sentirse la mirada de
John Lennon, que postrado en la pared observaba la charla de manera intensa.
Luego de una travesía por su niñez, Cabral comentó que en su época el
aprendizaje estaba en la calle. “Me la pasaba jugando, creando, sin el temor de
que vengan a ponerme un cuchillo en la garganta para robarme. De todas formas
hoy, con 46 años, lo sigo haciendo por más que la realidad social no acompañe
mis actos. No voy a caer bajo la amenaza de la televisión que nos vende que
tenemos que estar guardados y encerrados”, puntualizó.
-¿Cuál fue tu primer contacto con la
música?-
A los 9 años arrancando piano con una maestra de conservatorio. Soporté toda la
educación antigua musical, donde te enseñan la lectoescritura y dejan de lado
la sensibilidad que tiene cada sonido. Durante mi adolescencia pude fusionar
todas las instrucciones académicas con mi oído y con las influencias que tenía
hasta ese momento: Queen, Los Beatles, Sui Géneris y The Police. Formé muchas
bandas, tocábamos en vivo, me divertí y aprendí mucho en esos tiempos dorados.
Los tiempos dorados, como él los bautizó, se
interrumpieron con su paso por la docencia, respuesta en la que Gerardo más se
extendió: “Al terminar la escuela secundaria, con una realidad extraña e
ignorando cosas ingresé a la Facultad de Música y comencé a dar clases en
escuelas. Recuerdo el primer colegio en el que trabajé, con una pobreza muy
visible. No sólo me impactaba el hecho de ser por primera vez profesor, sino
también la destrucción del lugar y las caras de los chicos expresando falta de
cariño. Allí fue cuando dejé de mirar mi espejo para empezar a militar en esta
cuestión social tan impactante. Allí fue cuando comencé a pensar en lo que
realmente yo tenía para decir”.
Fue en 1985 cuando, luego de dar clases en
diversos colegios, comenzó sus giras musicales con la “banda más importante”
que tuvo, Clip. Atravesó una brecha muy larga alejado de la docencia, en la que
hizo conciertos por la Costa Argentina, Carlos Paz, Bariloche, Chile, Uruguay y
Brasil, entre otros.
- ¿De qué manera recordás aquellas
épocas de tus giras eternas? -
Los momentos que estuve en el exterior explotando mi creatividad musical fueron
los más felices de mi vida, me encontraba siendo dueño de mi espíritu por
primera vez. Fueron 15 años disfrutando, laburando de lo que a mí más me
gustaba y sabía hacer. Regocijando de algunos placeres (ríe), conociendo
lugares, gente y avanzando nómade en la escala de la soledad, por momentos
comenzaba a plantearme la idea de regresar a esos viejos valores que demandaban
mi lugar de origen. Fue en la crisis del 2001, donde la experimentación musical
culminó y me instalé definitivamente en Rosario para dar clases particulares en
mi casa.
-“Vida. Muerte.
Parecen las dos únicas puntas del misterio humano.
Sin embargo, no todos nacemos.
¿De dónde venimos los que nacimos y dónde no son los que nunca existieron?
Este es un gran enigma del cual, no se por qué, poco se ha hablado”.
Sin embargo, no todos nacemos.
¿De dónde venimos los que nacimos y dónde no son los que nunca existieron?
Este es un gran enigma del cual, no se por qué, poco se ha hablado”.
Estas líneas pueden leerse en el prólogo de su libro “Será que la muerte
nunca tuvo vergüenza”. Su formato son todos cuentos cortos que en algún momento
convocan a la parca. “No lo desarrollé como una cuestión trágica, todo lo
contrario, yo soy un militante de la muerte porque no la niego. Nuestra cultura
occidental desde chicos nos enseña a negar la muerte y el sufrimiento, entonces
la gente como lo esconde vive mal”, aseguró.
Justamente de uno de esos cuentos es
donde nace su última producción audiovisual, que se estuvo presentando a
fines del año pasado en Sala Lavardén. “Corvalán” trata la historia de un
hombre que asesinó a su mujer, quien padecía una enfermedad terminal, y nunca
nadie sospechó de su crimen. Todos los vecinos, siempre confundidos, creyeron
que su esposa lo había abandonado. “Luego de haber guionado el cuento se hizo
la convocatoria a los actores, que me la tomé como personal porque son todos
músicos (ente ellos Popono Romero), para empezar después a grabar en bruto
todas las escenas que alguna vez estuvieron en mi mente”, expresó el ex Clip.
Asimismo confesó que fue maravilloso filmar en locaciones, armarle la música,
ambientar los lugares y editar junto al director.
La mañana culminaba y los dos vasos tenían la mitad de un café helado, semi asqueroso. Cabral, como buen pelado sabio, dejó un mensaje para el combate de las interpretaciones: “Yo con 46 años y algo de experiencia, aprendí a no tenerle miedo a nada. Mis sueños se alimentan junto a mis certezas, mis dudas son una parte más del proceso para llegar a la meta, que en un abrir y cerrar de ojos, desaparecerá para convertirse en otros objetivos. El trance me sonríe, los finales son abiertos…”.
friend. Rod Fernand
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