lunes, 21 de mayo de 2012

Historias detrás de las luces de neón


TRAFICO DE PERSONAS


El tráfico de personas, con la finalidad de explotar sexualmente, es considerado como un crimen repulsivo, que consiste en despojar a la víctima de sus derechos humanos para convertirla en objetos de comercio. Este delito se constituye como una situación de esclavitud, por lo que debe condenarse y combatirse con todos los recursos con los que cuenta el Estado. Pero, ¿cómo se puede pensar en justicia en nuestro país, cuando hasta el año pasado una polémica sobre “trata” involucraba al juez de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, denunciado legalmente a raíz de prostíbulos que funcionaban en su propiedad?
 La trata de blanca es la esclavitud del siglo XXI. Aunque la palabra esclavitud suene a la edad media, es imprescindible no darle la espalda y no hacer oídos sordos a gritos de personas que sufren de este repugnante hecho. Aunque cueste creerlo, detrás de las luces de neón de los prostíbulos hay auténticos dramas, mujeres y, en muchísimos casos, niñas engañadas o secuestradas, traídas de provincias humildes, que salieron de sus casas buscando nuevas oportunidades y se encontraron vendidas y obligadas a prostituirse en burdeles, para satisfacer el morboso placer de consumidores.
 El tráfico de personas funciona como cualquier otro negocio y sin demanda no hay oferta. Se tiene que considerar el implemento de medidas, no sólo para ayudar a las víctimas, sino para reducir y acabar con su explotación sexual y comercial.
 Es importante reconocer que el mercado de sexo con menores es una fuerza que impulsa frecuentemente una problemática global y, por lo tanto, debe ser abordada inmediatamente. El dinero que viene de los clientes crea y mantiene el circuito y, obviamente, las víctimas son, en su mayoría, de sectores sociales y económicos vulnerables.
 ¿Se puede dar una solución inmediata o de largo plazo a este delito que parece avanzar sin filtro moral alguno en la sociedad? Como primer medida, los ciudadanos deberían informarse sobre los derechos existentes en el tema, y de esa manera fomentar y encaminar la defensa de cada una de las mujeres que se encuentran a su alrededor; ya que desde ese lugar no se puede mejorar la pobreza, la falta de acceso a la educación y de oportunidades, que sin duda son factores que generan violencia y afectan a las niñas y mujeres más vulnerables de la sociedad. La gravedad de la violencia de género merece atención y tratamiento en la agenda política, jurídica y social del país en general. Por esa razón es que todo un pueblo pide mayor seguridad para este delito.

Por Noelia Mastrizzo

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